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Queridos «Valleggianti», hoy os llevo a descubrir la lengua y la cultura occitana: un patrimonio siempre vivo que narra la esencia de los valles de Cuneo e incluso de algunos valles de Turín. Es un símbolo de pertenencia y comunidad que os permitirá sentir los valles de una forma completa y auténtica.

¡Si quieres descubrir el significado y el origen de su símbolo, te lo explico en este vídeo!

¿Qué es la cultura occitana?

La cultura occitana es una trama que une territorios lejanos a través de una lengua común y una memoria compartida. Nunca ha sido un Estado, nunca ha tenido fronteras políticas definidas, y sin embargo existe –desde hace siglos– como región cultural.

La Occitania abarca hoy:

  • diez valles de Cuneo y tres principales valles de Turín, con todos sus valles laterales;
  • algunas zonas de la Liguria de poniente;
  • gran parte del sur de Francia (desde la Provenza hasta el Languedoc, de Gascuña al Lemosín);
  • una porción de España, en concreto el Valle de Arán en los Pirineos catalanes, donde el occitano (en su variante aranesa) es lengua oficial junto al catalán y el castellano.

Es un territorio que atraviesa los Alpes y desciende hasta el Atlántico y el Mediterráneo. Pero lo que lo mantiene unido no es la geografía: es la lengua.

La lengua occitana –también llamada lengua de oc– no es un dialecto. Es una lengua minoritaria reconocida y protegida en Italia por la Ley 482 de 1999, que tutela las minorías lingüísticas históricas. Es una lengua con su propia literatura, su tradición musical, su gramática y su propia dignidad cultural.

Los orígenes: la lengua de oc en la Edad Media

Para comprender el occitano debemos retroceder en el tiempo, al corazón de la Edad Media.

Es la época en la que las lenguas vernáculas comienzan a convivir con el latín. Precisamente en ese periodo, Dante Alighieri escribe el De vulgari eloquentia, clasificando las grandes áreas lingüísticas románicas. Distingue entre:

  • la lengua del sì (el italiano),
  • la lengua de oïl (el francés)
  • la lengua de oc (el occitano).

El occitano era entonces una lengua de gran prestigio cultural.

No solo eso: en el Purgatorio de la Divina Comedia, Dante hace hablar a un trovador precisamente en occitano, Arnaut Daniel, quien en el Canto XXVI se dirige al poeta en su propia lengua. Es un homenaje altísimo que testimonia cuánto se estimaba la tradición de oc.

Los trovadores y el amor cortés

Entre los siglos XII y XIII, Occitania es la cuna del amor cortés. Los trovadores viajan de corte en corte cantando poesías dedicadas al amor, a la distancia, a la fidelidad y al deseo.

La lengua en la que componen es el occitano.
Esta lengua no era solo un medio de comunicación cotidiano, sino que se convirtió en la primera lengua literaria de la Europa románica. Gracias a los trovadores, el occitano influyó profundamente en el desarrollo de la lírica en todo el continente, desde la escuela siciliana en Italia hasta los Minnesänger en Alemania.

Muchos de ellos se acompañan de instrumentos que hoy reconocemos como símbolos de esa tradición: entre ellos la zanfona (o ghironda), que deriva del organistrum, un gran instrumento medieval de cuerda accionado por una manivela.
Con el tiempo, el organistrum reduce sus dimensiones, se vuelve portátil y la zanfona comienza su viaje por aldeas y plazas.

La lengua de oc no era periférica. Era central. Era culta. Era musical.

Una región cultural, no política

Occitania nunca ha sido un Estado unitario. Nunca ha tenido una frontera trazada en un mapa geopolítico.

Siempre ha permanecido como una región cultural, mantenida unida por la lengua y por prácticas compartidas: música, poesía, danza, memoria oral.

Y es quizás precisamente este su rasgo más profundo: existe sin necesidad de ser delimitada.

La pérdida: Estados modernos y homologación

Con el nacimiento de los Estados modernos, las lenguas minoritarias son progresivamente aplastadas.

En Francia, la monarquía impone el francés como lengua oficial en todo el territorio, incluido el sur. El occitano empieza a ser percibido como una lengua popular, marginal.

En Italia, en los valles occitanos alpinos, la lengua se siguió hablando hasta el siglo XX. Todavía existían músicos ambulantes de zanfona: el último documentado en nuestros valles fue Giovanni Conte, llamado Briga (lo violaire). Nacido en Lottulo, una aldea de San Damiano Macra, en 1850, recorrió con la zanfona a cuestas todo el sur de Francia y más allá, hasta Barcelona. Regresaba a su pueblo natal cada año: se dice que era ciego y que, por ello, a menudo se hacía acompañar por uno de sus hijos más pequeños. Murió en 1935.

Después llega la posguerra. El boom económico. El éxodo hacia las llanuras y las ciudades.

Quien deja la montaña a menudo deja también la lengua. El occitano se convierte en el sonido de la pobreza, del cansancio, del hambre. En la ciudad se es mirado con sospecha si se habla. El italiano se impone como la lengua del ascenso social.

La vergüenza y el rechazo interrumpen la transmisión entre generaciones.

Y la lengua se adelgaza.

El retorno: música, jóvenes, orgullo

En los años ochenta sucede algo.

Sergio Berardo, músico del Valle Grana, inicia un camino de redescubrimiento. Viaja a la Occitania francesa, se traslada a Toulouse para estudiar instrumentos tradicionales, recupera piezas antiguas, desempolva instrumentos olvidados.

Entre los cantos que contribuye a difundir se encuentra “Se Canta” (o Se Chanto), convertido con el tiempo en el himno simbólico de Occitania.

Berardo mezcla tradición y modernidad: junto a zanfonas y acordeones aparecen la batería y el bajo eléctrico. La música se encuentra con el rock, el punk y los gustos contemporáneos.

Y los jóvenes vuelven a escuchar.

Paralelamente, Daniela Mandrile redescubre y sistematiza las danzas tradicionales. Muchas músicas occitanas están estructuradas para el baile: curente, bourrée, scottish, circle, chapelloise. Juntos, la música y la danza reavivan un sentido de pertenencia.

Nacen nuevos grupos, nuevas formaciones, cada una con su propio sello.

Hay que decirlo con claridad: algunos valles nunca habían dejado de hacerlo.
El Valle Vermenagna, con sus curente y el balet, con el acordeón y el clarinete, ha mantenido una continuidad extraordinaria.
El Valle Varaita ha custodiado una riqueza de bailes e instrumentos —violín, acordeón diatónico— que nunca se ha interrumpido.

Descubre una muestra del talento de Sergio Berardo y de su música tradicional.

El occitano hoy

Hoy el occitano todavía se oye hablar en los valles.

En algunas zonas, como el Val Vermenagna, la lengua se ha entrelazado con el piamontés, sobre todo después de la industrialización y la llegada de trabajadores de las llanuras. De ahí ha nacido un habla mixta y viva, que relata también la historia social del territorio.

El occitano no es un dialecto. Es una lengua reconocida y protegida. Es objeto de cursos, estudios y publicaciones.

En Espaci Occitan, en Dronero, el museo y centro cultural dedicado a Occitania promueve cursos de lengua, eventos, investigación e iniciativas culturales. Es un baluarte vivo. Es un espacio que mantiene unidos la memoria y el futuro.

Un paréntesis político

En los años del “gran retorno” nacen también movimientos que intentan transformar Occitania en un proyecto político autonomista, como el MAO (Movimento Autonomista Occitano) y otras realidades similares.

Eran intentos animados por el entusiasmo y la identidad, pero con bases históricas y políticas frágiles. Occitania siempre ha sido una región cultural difusa, no una nación compacta. Forzarla dentro de una idea estatal era, tal vez, una simplificación excesiva de algo mucho más complejo y fluido.

Poetas, escritores, nuevas voces

La lengua occitana vive también en la escritura.

Autores como Ines Cavalcanti e Dario Anghilante del Valle Maira, han contribuido a la producción poética y literaria contemporánea en lengua de oc, junto a muchas voces jóvenes que hoy eligen escribir, cantar y componer en occitano.

Yo también, en mi pequeña medida, he escrito canciones y textos en occitano, algunos de los cuales se han incluido en el libro:

Durante diez años estuve inmersa en el mundo de la música occitana, cantando en formaciones como “Occitanas”, “Grande Orchestra Occitana”, “Sonadors”, “Quba Libre” y otras más. Hoy en día llevo adelante un proyecto a dúo, Donne di Valle, donde a través del relato y el canto entrelazamos temas tradicionales y composiciones mías.

Un hilo que une los Alpes

El occitano no es nostalgia.

Es un hilo que atraviesa los Alpes y une valles italianos y franceses. Es una lengua que ha conocido el prestigio, el olvido, la vergüenza y el retorno. Es un canto que ha caminado durante siglos de corte en corte, de aldea en aldea.

Y tal vez su fuerza resida precisamente aquí: no en haber dominado, sino en haber permanecido.

Como las montañas que habita.

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